Celebración de la Fiesta de la Sagrada Familia
27 DICIEMBRE 2009

El arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo, anima a los fieles de Sevilla a participar con él en la Eucaristía que el 27 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, se celebrará en la Plaza de Lima de Madrid, y en la que se reunirán prelado y familias de toda Europa. El Santo Padre Benedicto XVI dirigirá por videoconferencia unas palabras de apoyo durante el rezo del Ángelus en Roma. El lema de esta gran manifestación es "El futuro de Europa pasa por la familia cristiana". Cada comunidad, parroquia o arciprestazgo se encargará de organizar su propio viaje.
Celebración en Sevilla: Para todas aquellas familias que no puedan desplazarse a Madrid, el arzobispo también celebrará la Eucaristía de la Sagrada Familia en la Catedral de Sevilla. Será un día antes, el sábado 26 de diciembre, a las cinco de la tarde. Aunque el acceso es libre, aquellos que lo deseen pueden reservar su invitación antes del día 21 en la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar (Arzobispado de Sevilla).
...PARA SABER MÁS - Crónica: Así fué la fiesta de la "Celebración de la Sagrada Familia"

Nota de los Obispos de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida con Motivo de
la Jornada de Familia
Cada vez con más insistencia, se está poniendo de relieve en nuestra sociedad
cómo la educación de los niños y de los jóvenes constituye un problema
social grave. Los recientes actos de violencia juvenil, dados a conocer por los
medios, incrementan una preocupación que se hace cada vez más intensa en
la sociedad.
Constatamos con inquietud que algunos padres han hecho dejación de una
misión que les compete a ellos de modo principal: ser los primeros educadores
de sus hijos. Compartimos la preocupación de muchos padres que comprueban
la injusta injerencia del sistema educativo al pretender imponer una determinada
educación moral, suplantando así una responsabilidad que les compete sólo a
ellos.
Además, muchos maestros ven cómo su autoridad se pone en tela de juicio
y su labor educativa, en muchas ocasiones, no encuentra respaldo institucional
ni apoyo por parte de los padres de sus alumnos.
Por ello el Santo Padre ha hablado de una gran emergencia educativa,
confirmada por los fracasos en los que con demasiada frecuencia desembocan
nuestros esfuerzos por formar personas sólidas, capaces de colaborar con los
demás y de dar sentido a la propia vida .
1. Formar la libertad en la familia
El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano . Esta
es la verdad que orienta y da sentido a una educación humana integral que se
vería extraordinariamente empobrecida si se limitara a proporcionar nociones
e informaciones dejando a un lado la gran pregunta acerca de la verdad,
especialmente de la que puede servir de guía en la vida .
Esta vocación al amor tiene como fin la libre entrega a otra persona para
construir con ella una comunión de personas. La educación, por lo tanto, está
orientada a formar a la persona para que sea capaz de vivir la expresión plena de
la libertad: entregar la propia vida con el don sincero de sí misma, a imagen de la
donación plena que Jesucristo hace permanentemente a la Iglesia .
El lugar propio y más fundamental donde la persona recibe esta educación
es la familia. En el clima de confianza propio del hogar, los hijos reciben la
experiencia fundamental de ser amados, y son instruidos de modo natural para
aprender el significado de la verdad y del bien en sus distintas manifestaciones
que les abren a una vida social.
Sin embargo, esta primera educación moral es insuficiente. El paso a una
libertad madura requiere que los hijos sean capaces de elegir, en las múltiples
circunstancias de su vida ordinaria, aquellos bienes concretos que posibilitan
ir construyendo su vida en el amor. Se requiere, por lo tanto, una adecuada
educación en las virtudes para que los hijos adquieran los hábitos que formen
su carácter e inclinen permanentemente su libertad a la verdad.
Para ello es necesario, en primer lugar, el testimonio moral de los propios
padres, que educan no tanto por lo que dicen cuanto por lo que viven . Son
ellos, con la coherencia de la propia vida, los primeros testigos de la verdad y del
bien . Unido a esto, se hace especialmente necesario, en una sociedad carente
de auténticos ejemplos, la presentación de testigos morales que fomenten en los
hijos el deseo de una vida virtuosa. La vida de los santos se muestra así como un
medio educativo de gran eficacia.
La educación en las virtudes que se realiza en la familia requiere el equilibrio
entre libertad y disciplina: Sin unas reglas de conducta y de vida, aplicadas día tras día incluso a las pequeñas cosas, no se forma el carácter ni queda uno
preparado para afrontar las dificultades . De esta manera se va creciendo en la
colaboración con otras personas en el sentido del bien común.
Por último, esta educación para adquirir una vida virtuosa reclama un
acompañamiento intenso por parte de sus padres, dedicando el tiempo necesario
para ayudar a sus hijos a discernir la verdad, especialmente en aquellos ámbitos
que tienen una mayor presencia. Este es el caso de los medios de comunicación,
cuyo crecimiento y disponibilidad han brindado oportunidades excepcionales
para enriquecer la vida de los individuos, y de las familias, pero al mismo tiempo
que son una riqueza, son también un desafío para la ecuación de los hijos por la
ingente cantidad de mensajes, a menudo contradictorios y de una extraordinaria
relevancia moral .
En este seguimiento permanente, la cohesión y unidad de los padres, fruto de
la fidelidad conyugal, constituye el medio imprescindible para la tarea educativa
de la familia. La ruptura del vínculo conyugal supone un doloroso obstáculo en
la educación de los niños y de los jóvenes.
2. Educar la fe en la familia
Con palabras del Santo Padre, en el origen de la crisis de la educación
existe una crisis de confianza en la vida10. De esta manera, dar razones de la
esperanza constituye un elemento básico en la labor educativa que los padres
tienen que realizar. Y en concreto, presentar la fuente de toda esperanza, el
Amor eterno de Dios que acompaña a la persona durante toda su vida y que no
se rinde ante ninguna infidelidad.
La misión de los padres en este punto es insustituible, ya que ellos son los
primeros transmisores de la fe y los custodios del crecimiento de la vida recibida
en el bautismo. De esta manera participan de la autoridad y del amor de Dios
Padre y de Jesucristo Pastor, recibiendo del Espíritu Santo los dones que necesitan
para el crecimiento humano y cristiano de sus hijos11.
Los padres llevan a cabo esta misión iluminando los acontecimientos de la
vida familiar con la fe, la oración y la celebración de los acontecimientos, y con
una colaboración activa en la formación religiosa que sus hijos reciben en la
parroquia o en los colegios. En la catequesis y todo el proceso de educación
en la fe es esencial la cooperación de los padres para que exista una verdadera
transmisión de la iniciación cristiana de la fe12.
3. Colaboración con el colegio
Los padres son los primeros maestros que educan a sus hijos. Se trata de un
deber y de un derecho esencial, primario, insustituible e inalienable13.
Esta responsabilidad, por lo tanto, no puede ser delegada a otras instituciones
que, lejos de suplantar la misión educativa de los padres, se deben poner a su
servicio. Los padres no pueden dejar la tarea educativa en manos del Estado
o de las distintos centros educativos. En este sentido, hay que insistir en la
participación activa de los padres en el proyecto educativo del colegio y en las
diferentes asociaciones de padres de alumnos14.
Por otro lado, el respeto al protagonismo que los padres deben tener en
la educación de los hijos reclama que el Estado les facilite la elección de los
centros educativos y que no vulnere el derecho primario que tienen los padres
para determinar el tipo de formación moral que deseen para sus hijos. El Estado
no puede imponer legítimamente ninguna formación de la conciencia moral de
los alumnos al margen de la libre elección de sus padres15.
Conclusión
En estas fechas navideñas, ponemos la mirada y el corazón en María y José, a
quienes el Padre encomendó la misión de ser los primeros maestros de la educación
humana del Verbo encarnado. En su hogar santo, el niño iba creciendo y se
fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él16.
Queremos alentar a los padres, que, a ejemplo del hogar de Nazaret, están
construyendo sus familias como Iglesias domésticas. En medio de las dificultades,
los sacrificios y los obstáculos, cuentan con la gracia que recibieron en el
sacramento del Matrimonio para educar a sus hijos en la fe y en el amor. No
tengáis miedo! El don del Espíritu Santo sostiene y anima los desvelos de los
padres que calan profundamente en el corazón de sus hijos, dejando huellas
que los posteriores acontecimientos de la vida no lograrán borrar17.
Los Obispos la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar
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Cartelería



Oración por la Familia
- Oh Dios, que en la Sagrada Familia nos
dejaste un modelo perfecto de vida familiar
vivida en la fe y obediencia a tu voluntad.
- Socórrenos en nuestra misión de educar en
el amor y transmitir la fe a nuestros hijos.
- Ayúdalos para que hagan de su vida una
entrega generosa a imagen de tu Hijo
Jesucristo.
- Abre su corazón para que crezca en ellos
la semilla de la fe que recibieron en el
bautismo.
- Fortalece la fe de nuestros jóvenes, para
que crezcan en el conocimiento de Jesús.
- Aumenta el amor y la fidelidad en todos
los matrimonios, especialmente aquellos
que pasan por momentos de sufrimiento o
dificultad.
- Unidos a José y María,
te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo nuestro
Señor. Amén.

-- Material para la celebración de la Sagrada Familia --
Monición de entrada
Después del saludo inicial:
Coincidiendo con la fiesta de la Sagrada Familia, el Hogar santo donde María
y José realizaron la misión de ser los primeros maestros de la educación humana
del Verbo encarnado, celebramos cada año la Jornada de la Familia, que este
año tiene por lema Crecer en familia. Los padres: primeros maestros y testigos
en la fe.
Cada vez con mayor insistencia nuestra sociedad reclama una educación de
los niños y de los jóvenes que dé sentido a sus vidas y que considere a los padres
protagonistas principales. Hagamos nuestro este anhelo e invoquemos en
nuestra celebración al Espíritu Santo, para que impulse y sostenga la misión de
los padres de educar a sus hijos en el amor verdadero y transmitir la fe.
Monición de despedida
El sacerdote o el diácono despiden al pueblo diciendo:
Iluminados por la luz de Cristo,
vivamos en el amor y la unidad,
de modo que nuestros hogares sean en el mundo
una luz para todos los hombres y todas las familias.
Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Bendición del Belén
Reunida la familia, el padre o la madre dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden:
Amén.
El que dirige la celebración puede decir:
Alabemos y demos gracias al Señor, que tanto amó al mundo y le entregó a su Hijo.
Todos responden:
Bendito seas por siempre, Señor.
Oración de Bendición
Luego el ministro, con las manos juntas, dice:
Oh Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo
que nos has entregado a tu único Hijo Jesús,
nacido de la Virgen María,
para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti,
te pedimos que con tu bendición +
estas imágenes del nacimiento
nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría
y a ver a Cristo presente
en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos por Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
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