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Bendita sea la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María - 04/12/2011
Cartas de Mons. Pelegrina, Arzobispo de Sevilla
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Queridos hermanos y hermanas:
Con estas palabras inician la sabatina muchas iglesias de la
Archidiócesis. Con ellas inicio yo esta carta semanal dedicada a este título mariano.
Estamos comenzando el Adviento. Lo hacemos de la mano de la Virgen
Inmaculada, cuya novena celebra nuestra Archidiócesis con grandísimo esplendor,
teniendo como centro el dogma definido por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de
1854 al proclamar solemnemente que la Santísima Virgen, "fue preservada inmune
de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por
singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de
Cristo Jesús Salvador del género humano".
La Concepción Inmaculada de María es obra de toda la Trinidad
Santa. Ante el extravío de los hombres, alejados de Dios por el pecado, en la
plenitud de los tiempos, el Hijo unigénito de Dios se ofrece al Padre para venir al
mundo y llevar a cabo la obra saludable de nuestra salvación. Dios Padre prepara
una madre para su Hijo, que se encarna por obra del Espíritu Santo para nuestra
salvación. Y elige una madre santa, pura y limpia, no manchada por el pecado
original e inmune de pecados personales.
La Concepción Inmaculada de María deriva de su maternidad divina.
Por ser Dios, Jesús pudo dibujar el retrato físico y espiritual de su madre y, en
consecuencia, pudo hacerla santa, hermosa y "llena de gracia" (Lc 1,18). Este
privilegio singular es el primer fruto de su muerte redentora. Mientras los demás
hombres y mujeres somos limpiados del pecado original en el bautismo por el
misterio pascual de Cristo muerto y resucitado, María es preservada del pecado
aplicándosele anticipadamente los méritos de su sacrificio redentor. Por ello, posee
la plenitud de gracia y no hay en ella el menor atisbo de pecados personales. Aquí se fundamentan los demás privilegios marianos, entre ellos su Asunción en cuerpo
y alma a los cielos.
El sentido de la fe del pueblo cristiano, ya en los primeros siglos de la
Iglesia, percibe a la Santísima Virgen como "la Purísima", "la sin pecado",
convicción que se traslada a la liturgia y a las enseñanzas de los Padres y de los
teólogos. En el camino hacia la definición, pocas naciones han contraído tantos
méritos como España. En siglo XVI son muchas las instituciones, que hacen suyo
el "voto de la Inmaculada". Universidades, gremios y cabildos e incluso
ayuntamientos juran solemnemente defender "hasta el derramamiento de su
sangre" los privilegios marianos, especialmente el de la Inmaculada Concepción.
La conciencia de que María fue concebida sin pecado crece en la época barroca, en la pluma de nuestros más eximios poetas, en los lienzos de
nuestros más inspirados pintores, en las tallas de nuestros más esclarecidos
escultores e imagineros y, sobre todo, en la devoción de nuestro pueblo. Por ello, no
es extraño que en España se viviera con singular regocijo y alegría la definición
dogmática por el Papa Pío IX. Destaca entre las diversas regiones Andalucía, la "tierra de María Santísima". Nuestra Archidiócesis no queda a la zaga en la
defensa del privilegio de la Concepción Inmaculada de María. A partir del
Renacimiento, en su honor se erigen cofradías, se celebran fiestas religiosas y salen
a la luz numerosas publicaciones que defienden la limpia Concepción. A mediados
del siglo XVII, son muchas las instituciones sevillanas, civiles, religiosas y
académicas, que se imponen la obligación de jurar la defensa de esta hermosa
doctrina en los actos de toma de posesión de sus cargos. Otro tanto hacen desde
entonces numerosísimas Hermandades en sus funciones principales. Fruto de este
fervor mariano son los cientos y cientos de cuadros y tallas bellísimos dedicados a
la Inmaculada en nuestra Catedral y en todas las iglesias de la Archidiócesis,
aspecto éste que llama poderosamente la atención de quienes venimos de otras
latitudes geográficas.
La tradición inmaculista no debe perderse entre nosotros. Por ello, en
las vísperas de esta solemnidad, invito a todos los cristianos de la Archidiócesis, y
muy especialmente a los jóvenes, a la Vigilia de la Inmaculada, que tendrá lugar en
la noche del día 7 en la Catedral. Os invito también a la solemne Misa Pontifical
que celebraremos en el mismo templo el día 8. Vivid con toda intensidad la novena
de la Inmaculada. Contemplad en estos días las maravillas obradas por Dios en
nuestra Madre. Alabad a la Santísima Trinidad por María, la obra más perfecta
salida de sus manos. Felicitad y honrad a la Virgen y, sobre todo, imitadla luchando
contra el pecado y tratando de vivir siempre en gracia de Dios. Pedid a Dios, con la
oración colecta de esta fiesta que Él que preservó a María de todo pecado, "nos
conceda por su intercesión llegar a Él limpios de todas nuestras culpas".
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición. Feliz domingo, feliz
día de la Inmaculada.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla |