|
Jornada de la Vida Consagrada
Cartas de Mons. Pelegrina, Arzobispo de Sevilla
29/01/2012
<< MÁS CARTAS
 Queridos hermanos y hermanas:
El próximo jueves, 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, la
Iglesia celebrará la Jornada de la Vida Consagrada. Nosotros la celebraremos el sábado,
día 4, con una solemne Eucaristía en la Catedral. En ella haremos visible nuestra estima
por la vida religiosa y daremos gracias a Dios por el don inmenso que constituye para
nuestra Iglesia particular los 39 conventos de monjas contemplativas, los cerca de 600
religiosos y más de 2000 religiosas de vida activa que colaboran en el apostolado, la
evangelización y el servicio a los pobres, a los que hay que sumar los miembros de las
sociedades de vida apostólica, de los institutos seculares y las vírgenes consagradas, todos
ellos testigos del amor más grande, testigos de la esperanza y de la misericordia de Dios y
anticipo y profecía de lo que será la vida futura.
La Vida Consagrada pertenece de manera indiscutible al núcleo más profundo
de la vida de la Iglesia, su santidad (LG 44) y uno de los rasgos más importantes de su ser en
la Iglesia es la vivencia gozosa y comprometida de la comunión. Los religiosos y religiosas
viven la comunión en el seno de sus comunidades como una verdadera familia y tienen
como arquetipo y modelo la unidad de la familia trinitaria (VC 10 y 16). La vida fraterna
de los consagrados refleja la hondura y riqueza de este misterio y hace de las
comunidades religiosas un espacio humano habitado por la Trinidad (VC 41). La vida
fraterna en comunidad es un referente magnífico de unidad y fraternidad para la Iglesia
diocesana. Cuando se vive con autenticidad, es reflejo de la vida trinitaria y modelo para la
comunidad cristiana, por ser manifestación visible del amor infinito y de la mutua entrega
que une a las tres divinas Personas y de la amorosa correspondencia que existe en el seno de
la Trinidad (VC 21).
La comunión no es algo accidental en la vida de la Iglesia. Pertenece a su
entraña más profunda. La Iglesia es "una muchedumbre de pueblos reunida por la unidad
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (LG 1). La comunión entre el obispo, los
sacerdotes, consagrados y laicos es un rasgo esencial de la Iglesia diocesana, que debe ser
también una auténtica familia. Quienes en ella trabajan, aportan sus dones y carismas con un
sentido espontáneo de comunión, sin la cual la misión es imposible.
El misterio de la Trinidad que habita en quienes vivimos la vida divina nos
alienta a vivir la comunión. El manantial que renueva y refresca nuestra comunión es el
encuentro diario con Jesucristo, muerto y resucitado, presente en su Iglesia, pues Él es el
El Arzobispo de Sevilla
centro de la comunión eclesial y nuestro más firme y definitivo punto de convergencia. Sólo
unidos a Cristo podrán fortalecerse cada día nuestros lazos familiares y crecerá la
colaboración fecunda entre el presbiterio diocesano, los consagrados y los laicos en la
común tarea de la edificación de la Iglesia.
En la carta apostólica Novo millennio ineunte nos invitaba el Papa Juan Pablo
II a vivir la espiritualidad de comunión, que significa "capacidad de sentir al hermano de
fe… como uno que me pertenece… para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.
Espiritualidad de comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en
el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un don para mí, además de ser un
don para el hermano que lo ha recibido directamente... rechazando las tentaciones egoístas
que continuamente nos asechan y engendran competitividad... desconfianza y envidias" (n.
43). La espiritualidad de comunión promueve además un modo de pensar, decir y obrar, que
hace crecer a la Iglesia en hondura y extensión, facilitando la misión.
En las vísperas de la Jornada de la Vida Consagrada, invito a todos los fieles
de la Diócesis a vivir la espiritualidad de comunión con los hermanos consagrados que
sirven a nuestra Iglesia particular, a acogerles, valorarles y agradecerles los múltiples y
excelentes servicios que nos prestan en los más variados campos de la pastoral.
Encomendemos su fidelidad a la vocación que han recibido y a los carismas que regaló a sus
fundadores para el bien de la Iglesia. Pidamos al Señor que les conceda muchas, santas y
generosas vocaciones que continúen la historia fecunda de sus institutos. A ellos les pido que "vivan" la Diócesis, que la consideren como su casa, que se sientan miembros de la familia
diocesana, que rechacen cualquier tentación de actuar por libre o como francotiradores, que
se impregnen e impliquen en la aplicación de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, que remen
en la misma barca, con el mismo ritmo, con la misma intensidad y en la misma dirección, y
que sintonicen, por fin, con nuestros proyectos, anhelos y esperanzas y también con nuestros
dolores y sufrimientos, buscando siempre la comunión y la unidad.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.
|