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Visita del Papa S.S. Benedicto XVI a Tierra Santa
8 al 15 de Mayo de 2009

Viaje del Para Benedicto XVI a Tierra Santa durante los días 8 al 15 de mayo de 2009

CURSO ACTUAL| AÑOS ANTERIORES: CURSO 2008-2009

Anuncio del Vaticano del Viaje

El Vaticano ha hecho público el itinerario del viaje del Papa, Benedicto XVI, a Tierra Santa, durante los días 8 al 15 de mayo. Es interesante conocerlo para acompañarle espiritualmente en sus contactos con las tres grandes religiones monoteístas: la nuestra cristiana, la religión judía y la islámica. Porque este viaje, además de su aspecto profundamente piadoso por su contacto con las tierras y pueblos en los que vivió, actuó y habló Jesucristo, tiene una dimensión ecuménica. Podemos distinguir tres etapas.

La primera se realiza en Betania, los días 8 al 10 de mayo; aquí el Papa tendrá un encuentro con los responsables de la comunidad musulmana, mayoritaria, del país; visitará la mezquita Al-Hussein-Bin-Talai; a continuación, podrá la primera piedra de dos nuevos templos cristianos, de rito latino y grecomelquita, respectivamente, y se acercará a las aguas del río Jordán, donde fue bautizado Cristo (Mt. 3, 16).

La segunda etapa el Papa visitará, durante los días 11 y 12 de mayo, la ciudad de Jerusalén. Allí el Papa tendrá contactos con el presidente del estado de Israel, Simón Peres, y rendirá homenaje a las víctimas del holocausto judío, y también, en la explanada de la mezquita, con el Gran Mufti, musulmán. A continuación, visitará el Muro de las Lamentaciones, y a la vez saludará a los dos grandes rabinos judíos, asquenazi y sefardí, en el centro judío Hechal Shlomo. Finalmente, al atardecer el día 12, presidirá una Eucaristía en el Valle de Josafat.

La tercera, en los últimos tres días, 13, 14 y 15, los pasará el Papa en Belén y Nazaret. El día 13, en el pueblo de Belén, lugar del nacimiento de Jesucristo, el Papa celebrará una misa en la llamada "Plaza del Pesebre", que está delante de la Basílica de Belén; visitará la Iglesia de la Natividad, y a continuación irá al campo de refugiados de Aida y saludará al presidente de la autoridad palestina, Mahamud Abbas, en el palacio presidencial de Belén. El día 14 visitará Nazaret, donde Jesucristo vivió su infancia y juventud; celebrará una misa en el llamado "Templo del Precipicio", recibirá al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el convento católico de los franciscanos de Nazaret. El día 15 volverá a Jerusalén, tendrá un encuentro ecunémico con el Patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén en el Salón del Trono del Patriarca, visitará la Iglesia del Santo Sepulcro y la Iglesia armeno-apostólica de Santiago. Un viaje muy útil e interesante.

 

Intervención de su Santidad el Papa después del Rezo del Regina Coeli en la Plaza del Vaticano.

Queridos hermanos y hermanas:

Acaba de concluir, en la Basílica de San Pedro, la celebración eucarística en la que he consagrado a diecinueve nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma. Una vez más he escogido este domingo, el cuarto de Pascua, para este feliz acontecimiento, pues se caracteriza por el Evangelio del Buen Pastor (Cf. Juan 10, 1-18) y ofrece un contexto particularmente adecuado. Por este motivo se celebra hoy la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En mi mensaje anual con esta ocasión, he invitado a reflexionar sobre el tema: "La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana". De hecho, la confianza en el Señor, que continuamente llama a la santidad y a algunos en particular a una especial consagración, se expresa precisamente en la oración. Tanto personalmente como en comunidad, tenemos que rezar mucho por las vocaciones, para que la grandeza y la belleza del amor de Dios atraiga a muchos a seguir a Cristo por el camino del sacerdocio y de la vida consagrada. Es necesario además rezar para que haya también esposos santos, capaces de indicar a los hijos, sobre todo con el ejemplo, los horizontes hacia los cuales tender con su libertad. Los santos y las santas que la Iglesia propone a la veneración de todos los fieles testimonian el fruto maduro de esta unión entre la llamada divina y la respuesta humana. Encomendemos a su celeste intercesión nuestra oración por las vocaciones.

Hay otra intención por la que hoy os invito a rezar: el viaje a Tierra Santa que realizaré, si Dios quiere, del próximo viernes 8 de mayo al viernes 15. Siguiendo las huellas de mis venerados predecesores Pablo VI y Juan Pablo II, peregrinaré a los principales santos lugares de nuestra fe. Con mi visita, me propongo confirmar y alentar a los cristianos de Tierra Santa, que tienen que afrontar cotidianamente muchas dificultades. Como sucesor del apóstol Pedro, les manifestaré la cercanía y el apoyo de todo el cuerpo de la Iglesia. Además, seré peregrino de paz, en el nombre del único Dios, que es Padre de todos. Testimoniaré el compromiso de la Iglesia católica a favor de cuantos se esfuerzan por practicar el diálogo y la reconciliación, para llegar a una paz estable y duradera en la justicia y el respeto recíproco. Por último, este viaje tendrá necesariamente una notable importancia ecuménica e interreligiosa. Jerusalén es, desde este punto de vista, la ciudad símbolo por excelencia: en ella Cristo murió para reunir a todos los hijos de Dios dispersos (Cf. Juan 11,52).

Dirigiéndonos ahora a la Virgen María, invoquémosla como Madre del Buen Pastor para que vele sobre los nuevos presbíteros de la diócesis de Roma y para que en todo el mundo florezcan numerosas y santas vocaciones de especial consagración al Reino de Dios.

[Tras la oración mariana el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los fieles de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los peregrinos de la Archidiócesis de Granada y de la Diócesis de Vic. Deseo expresar mi cercanía y asegurar mi oración por las víctimas de la influenza que está afectando a México y a otros países. Queridos hermanos mexicanos, manteneos firmes en el Señor, él os ayudará a superar esta dificultad. Os invito a orar en familia en estos momentos de prueba. Nuestra Señora de Guadalupe os asista y proteja siempre. Muchas gracias y feliz domingo.

 

 

Bienvenida del ministro general franciscano, FRAY JOSé RODRÍGUEZ CARBALLO, OFM. al Santo Padre en el Monte Nebo
Sábado, día 9 de mayo de 2009

Santo Padre, le doy la bienvenida en nombre de todos los frailes menores que viven en Tierra Santa y de toda la Orden con el saludo de san Francisco: Que el Señor le dé la Paz!

Aquí, sobre el Monte Nebo, a las puertas de la tierra prometida, le damos la bienvenida en el comienzo de su peregrinación a Tierra Santa. Aquí Moisés, al finalizar el éxodo, tuvo la garantía de que vería la tierra que el Señor había prometido a su pueblo. La promesa de Dios se hacía finalmente realidad. Moisés había guiado a Israel durante cuarenta años, durante cuarenta años había sido la voz de Dios para el pueblo y la voz del pueblo ante Dios. él recibió del Señor la ley y la consignó al pueblo de Israel para que la observara. Ayudó al pueblo a crecer en la fe, exhortándolo y sosteniéndolo en los momentos de desánimo, pero también amonestándolo y reprendiéndolo cuando la tentación de las cebollas que comían en Egipto se hacía más fuerte. Gracias a Moisés Israel había aprendido a conocer mejor a su Señor: un Dios providente que no abandona jamás a su pueblo; que durante el camino es la luz que alumbra en las tinieblas y descanso en las fatigas; que va al encuentro de sus hijos con el maná caído del cielo y con el agua de la roca; que desciende a una tienda para estar en medio de ellos y con ellos se hace peregrino. Moisés de esta forma no sólo guió al pueblo de la Alianza hacia esta tierra sino que, sobre todo, lo condujo hacia su Señor y Salvador.

Santo Padre, usted hoy ha querido hacerse peregrino, recordándonos que esta es la condición del pueblo de Dios. En este viaje no está solo. Queremos acompañarle, queremos seguirle, como en un tiempo el pueblo de Israel siguió a Moisés y se dejó conducir por él. También nosotros hoy nos sentimos como en el desierto y tenemos necesidad de que alguien que nos conduzca hacia el Señor, de alguien que nos ayude a conocerlo siempre más como un Padre providente y misericordioso, como nuestro Señor Jesucristo nos lo ha revelado. Con frecuencia nos invade el desánimo y el miedo cuando el camino se hace áspero y duro. Hay veces en que parece que el mal prevalece. Dondequiera que dirijamos la mirada, vemos guerras y violencia. Una gran parte de la humanidad está sometida bajo la pobreza mientras que los derechos humanos más elementales son pisoteados. Por la sed de riqueza y de poder los hombres no dejan de devastar la creación, que se les había entregado para que la cuidaran. La fe en la promesa de la tierra donde fluyen leche y miel, del Reino que crece sin hacer ruido, como el pequeño grano de la mostaza, corre el riesgo de desvanecerse en nuestros corazones y nos invade la tentación de dejar el arado y volver la vista atrás. Aquí, sobre este monte, un hermano nuestro, fray Michele Piccirillo, al que hace poco el Señor ha llamado a su seno, ha dedicado la vida entera para permitirnos gustar la belleza de estos lugares, sacando a la luz obras maestras perdidas y sepultadas desde hace siglos. Su obra, además de un inmenso valor científico, nos enseña que está en la naturaleza profunda del hombre el caminar siempre a la búsqueda de la verdadera belleza.

Santidad, en esta peregrinación nos confiamos a usted. Lleve nuestras súplicas al Señor y diríjanos una vez más aquella Palabra, que es la única que nos puede dar la salvación. Ayúdenos a descubrir la belleza de nuestra vocación, la belleza de ser discípulos del Resucitado. Entonces, como los discípulos, tendremos el valor de dejar a nuestras espaldas nuestro vivir cómodo y seguro para ponernos de nuevo en marcha por los caminos del mundo, testimoniando a todos la alegría de la Pascua.

Fray José Rodríguez Carballo ofm
 Ministro general

 

Despedida de S.S. el Papa en el Aeropuerto de Ammán (Jordania) ante la Reina Alia, después de escuchar las palabras de despedida del Rey Abdalá II

Majestad,

Excelencias,

Queridos amigos:

Al emprender la próxima etapa de mi peregrinación por las tierras de la Biblia, deseo daros las gracias a todos vosotros por la cálida acogida que he recibido en Jordania en estos días. Doy las gracias a Su Majestad el Rey Abadlá II por haberme invitado a visitar el Reino Hachemita, por su hospitalidad y sus gentiles palabras. Expreso también mi aprecio por el gran trabajo realizado con el objetivo de hacer posible mi visita y de asegurar el desarrollo ordenado de los diferentes encuentros y de las celebraciones. Las autoridades públicas, asistidas por un gran número de voluntarios, han trabajado durante mucho tiempo y sin descanso para dirigir a las muchedumbres y organizar los diferentes acontecimientos. La cobertura de los medios de comunicación ha permitido a innumerables personas seguir las celebraciones, aunque no hayan podido estar presentes físicamente. Al dar las gracias a quienes han hecho esto posible, deseo extender un agradecimiento particular a todos los que están escuchando la radio o viendo la televisión, especialmente los enfermos y quienes han tenido que quedarse en casa.

Me causa una alegría particular haber sido testigo del inicio de numerosas iniciativas importantes promovidas por la comunidad católica aquí, en Jordania. La nueva sección del Centro Reina de la Paz abrirá posibilidades concretas para dar esperanza tanto a quienes luchan con dificultades y como a sus familias. Las dos iglesias que se construirán en Betania permitirán a las respectivas comunidades la acogida de peregrinos y promover el crecimiento espiritual de quienes rezarán en ese lugar santo. La Universidad de Madaba debe ofrecer una contribución particularmente importante a toda la comunidad, formando a jóvenes de varias tradiciones para capacitarles en la conformación del futuro de la sociedad civil. A todos los que están comprometidos en estos proyectos les presento mis mejores deseos y la promesa de mis oraciones.

Un día particularmente luminoso entre los que estoy viviendo ha sido mi visita a la mezquita al-Hussein bin-Talal, donde he tenido el gusto de encontrar a los jefes religiosos musulmanes junto a los miembros de los cuerpo diplomático y los rectores de las universidades. Deseo alentar a todos los jordanos, tanto cristianos como musulmanes, a edificar sobre los sólidos cimientos de la tolerancia religiosa que permite a los miembros de las diferentes comunidades vivir juntos en paz y respeto mutuo. Su Majestad el Rey ha promovido muy activamente el diálogo interreligioso y deseo destacar lo mucho que es apreciado su compromiso en este sentido. Constato con gratitud la particular consideración que demuestra a favor de la comunidad cristiana de Jordania. Este espíritu de apertura no sólo ayuda a los miembros de las diferentes comunidades étnicas de este país a vivir en paz y concordia, sino que además ha contribuido a las iniciativas políticas de amplias miras promovidas por Jordania para construir la paz en todo Oriente Medio.

Queridos amigos: como sabéis, he venido a Jordania sobre todo como peregrino y pastor. Por tanto, las experiencias de estos días que quedarán más firmemente grabadas en la memoria son mis visitas a los santos lugares y los momentos de oración que hemos celebrado juntos. Una vez más deseo expresar el aprecio de toda la Iglesia a aquellos que custodian los lugares de peregrinación en esta tierra y deseo también dar las gracias a las numerosas personas que han contribuido a la preparación de las vísperas del sábado en la catedral de San Jorge y de la misa de ayer, en el Estadio Internacional. Para mí ha sido verdaderamente una alegría vivir estas celebraciones pascuales con los fieles católicos de diferentes tradiciones, unidos en la comunión de la Iglesia y en su testimonio de Cristo. Les aliento a todos a permanecer fieles a su compromiso bautismal, recordando que Cristo mismo recibió el bautismo de Juan en las aguas del río Jordán.

Al despedirme de vosotros, deseo que sepáis que llevo en mi corazón al Reino Hachemita y a todos los que vive en esta región. Rezo para que tengáis la alegría de la paz y la prosperidad, ahora y para las generaciones futuras. Una vez más gracias. Y que Dios os bendiga a todos!

 

Discurso de su Santidad El Papa a jóvenes discapacitados del Centro de Nuestra Señora de la Paz en Ammán

08 Mayo 2009

Beatitudes,

excelencias,

queridos amigos:

Estoy muy contento de estar aquí, con vosotros, y de saludaros a cada uno de vosotros, así como a los miembros de vuestras familias, allí donde estén. Doy las gracias a Su Beatitud el Patriarca Fouad Twal por las gentiles palabras de saludo y de manera especial deseo destacar la presencia entre nosotros del obispo Selim Sayegh, cuyos proyectos y trabajo para este centro, junto a los de Su Beatitud el patriarca emérito Michel Sabbah, hoy son honrados con la bendición de las ampliaciones que acaban de concluir. Deseo también saludar con gran afecto a los miembros del Comité Central, a las Hermanas Combonianas, y al personal laico comprometido, incluidos aquellos que trabajan en las diferentes áreas y unidades comunitarias del Centro. La estima por vuestra notable competencia profesional, la atención compasiva y la promoción decidida del debido puesto en la sociedad de quienes tienen necesidades especiales son bien conocidas aquí y en todo el reino. Doy las gracias a los jóvenes presentes por su bienvenida conmovedora. Es una gran alegría para mí estar aquí con vosotros.

Como sabéis, mi visita al Centro Nuestra Señora de la Paz, aquí, en Ammán, es la primera etapa de mi peregrinación. Como miles de innumerables miles de peregrinos antes que yo, ahora me toca satisfacer ese profundo deseo de tocar, de encontrar apoyo en los lugares en los que vivió Jesús y que fueron santificados por su presencia, y de venerarlos. Desde los tiempos apostólicos, Jerusalén ha sido el principal lugar de peregrinación para los cristianos, pero antes todavía, en el antiguo Oriente Próximo, los pueblos semitas edificaron lugares sagrados para indicar y conmemorar una presencia o una acción divina. Y la gente común solía acudir a estos centros llevando una parte de los frutos de su tierra y de su ganado para ofrecerlos como acto de homenaje y gratitud.

Queridos amigos: cada uno de nosotros es un peregrino. Todos estamos orientados a avanzar decididamente por el camino de Dios. Naturalmente, después tendemos a volver a atrás la mirada, hacia el recorrido de la vida --en ocasiones con arrepentimientos y recriminaciones, con frecuencia con gratitud y aprecio--, pero de todos modos seguimos adelante, a veces con trepidación y ansia, siempre con expectativa y esperanza, sabiendo que hay otros que nos alientan en el camino. Sé que los viajes que habéis recorrido muchos de vosotros hacia el Centro Reina de la Paz han estado marcados por el sufrimiento y las pruebas. Algunos de vosotros luchan valientemente con formas de invalidez, otros han soportado el rechazo, y algunos de vosotros han sido atraídos por este lugar de paz simplemente para buscar aliento y apoyo. Sé lo importante que es para este centro sensibilizar sobre el puesto que corresponde a los inválidos en la sociedad y asegurar que se ofrezcan los medios adecuados para facilitar su válida integración. Por esta amplitud de miras y determinación, todos vosotros merecéis elogio y aliento!

A veces es difícil encontrar una razón para aquello que se nos presenta sólo como un obstáculo que superar o como una prueba -física o emotiva- que soportar. Pero la fe y la razón nos ayudan a ver un horizonte más allá de nosotros para imaginar la vida como Dios la quiere. El amor incondicional de Dios, que da la vida a cada individuo, tiene un significado y un objetivo para cada vida humana. Su amor salva (Cf. Juan 12,32). Como lo profesan los cristianos, a través de la Cruz, Jesús nos introduce en la vida eterna y de este modo nos indica el camino hacia el futuro, el camino de la esperanza que guía cada paso que damos a través del camino, de manera que también nosotros nos convertimos en difusores de esta esperanza y caridad para los demás.

Amigos, a diferencia de los peregrinos de otra época yo no traigo regalos u ofertas. Vengo sencillamente con una intención y una esperanza: rezar por el precioso regalo de la unidad y de la paz, más concretamente por Oriente Medio. La paz para los individuos, para los padres y los hijos, para las comunidades, paz para Jerusalén, para Tierra Santa, para la región, para toda la familia humana; la paz duradera engendrada por la justicia, la integridad y la compasión, que brota de la humildad, del perdón y del deseo profundo de vivir en armonía como una realidad única

La oración es esperanza en acción. Y, de hecho, la verdadera razón queda contenida en la oración: entramos en contacto amoroso con el único Dios, el creador universal, y de este modo nos damos cuenta de la futilidad de las divisiones y los prejuicios humanos y advertimos las posibilidades maravillosas que se abren ante nosotros cuando nuestros corazones se convierten a la verdad de Dios, a su proyecto para cada uno de nosotros y para nuestro mundo.

Queridos jóvenes amigos: deseo deciros a vosotros, en particular, que al estar entre vosotros siento al fuerza que procede de Dios. Vuestra experiencia del dolor, vuestro testimonio en favor de la compasión, vuestra determinación para superar los obstáculos que encontráis me empujan a creer que los sufrimientos pueden determinar un cambio a mejor. En nuestras pruebas personales y estando al lado de los demás en sus sufrimientos nos hacemos, de alguna forma, más humanos. Y empezamos a aprender que, en otro nivel, también los corazones endurecidos por el cinismo o la injusticia o por la reluctancia a perdonar no están nunca fuera del alcance del radio de acción de Dios y pueden abrirse siempre a un nuevo modo de ser, a una visión de paz.

Os exhorto a todos a rezar cada día por nuestro mundo. Y hoy quiero pediros que asumáis una tarea especifica: rezad, por favor, por mí, cada día de mi peregrinación; por mi renovación espiritual en el Señor y por la conversión de los corazones a la manera de perdonar y de manifestar la solidaridad que es propia de Dios, de manera que mi experiencia, nuestra experiencia, por la unidad y la paz en el mundo traiga abundantes frutos.

Que Dios os bendiga a cada uno de vosotros y a vuestras familias, a los maestros, los enfermeros, los administradores y los bienhechores de este Centro. Que Nuestra Señora Reina de la Paz os proteja y guíe a través de la peregrinación de su Hijo, el Buen Pastor.

 

Su Santidad el Papa en Jordania, Discurso de la Llegada al Aeropuerto Internacional de Ammán

Viernes, 8 de mayo de 2009

Majestades,

Excelencias,

Queridos hermanos obispos,

Queridos amigos:


Os saludo con alegría a todos vosotros aquí presentes, mientras inicio mi primera visita a Oriente Medio desde mi elección a la Sede Apostólica, y estoy contento de poner los pies en el suelo del Reino Hachemita de Jordania, una tierra tan rica en historia, patria de tan numerosas civilizaciones antiguas, y profundamente llena de significado religioso para judíos, cristianos y musulmanes. Agradezco a Su Majestad el rey Abdalá II por sus corteses palabras de bienvenida y el dirijo mis particulares felicitaciones en este año que marca el décimo aniversario de su subida al trono. Al saludar a Su Majestad, extiendo de corazón mis mejores augurios a todos los miembros de la Familia real y del Gobierno, y a todo el pueblo del Reino. Saludo a los obispos aquí presentes, especialmente a aquellos con responsabilidades pastorales en Jordania. Me dispongo con alegría a celebrar la liturgia en la Catedral de San Jorge mañana por la noche y en el Estadio Internacional el domingo junto a vosotros, queridos obispos, y con tan numerosos fieles confiados a vuestro cuidado pastoral.

He venido a Jordania como peregrino para venerar los lugares santos que han tenido una tan importante parte en algunos de los acontecimientos clave de la historia bíblica. Sobre el Monte Nebo, Moisés condujo a su gente para echar una mirada a la tierra que se convertiría en su casa, y aquí murió y fue sepultado. En Betania más allá del Jordán, Juan Bautista predicó y dio testimonio de Jesús, a quien él mismo bautizó en las aguas del río que da el nombre a esta tierra. En los próximos días visitaré ambos lugares santos y tendré la alegría de bendecir las primeras piedras de las iglesias que serán construidas sobre el lugar tradicional del Bautismo del Señor. La posibilidad de que la comunidad católica de Jordania pueda edificar lugares públicos de culto es un signo del respeto de este país por la religión y en nombre de los católicos deseo expresar cuánto aprecio esta apertura. La libertad religiosa es ciertamente un derecho humano fundamental y es una ferviente esperanza y oración mías que el respeto de los derechos inalienables y de la dignidad de todo hombre y mujer llegue a ser cada vez más afirmado y difundido, no sólo en Oriente Medio sino en todas partes del mundo.

Mi visita a Jordania me ofrece la grata oportunidad de expresar mi profundo respeto por la comunidad musulmana y de rendir homenaje al papel de quía que lleva a cabo Su Majestad el Rey al promover una mejor comprensión de las virtudes proclamadas por el Islam. Ahora que han pasado algunos años desde la publicación del Mensaje de Ammán y del Mensaje Interreligioso de Amman, podemos decir que estas nobles iniciativas han obtenido buenos resultados al favorecer una alianza de civilizaciones entre el mundo occidental y el musulmán, desmintiendo las predicciones de aquellos que consideran inevitables la violencia y el conflicto. En efecto, el reino de Jordania está desde hace tiempo en primera línea en las iniciativas dirigidas a promover la paz en Oriente Medio y en el mundo, alentando el diálogo interreligioso, apoyando los esfuerzos para encontrar una solución justa al conflicto palestino-israelí, acogiendo los refugiados del vecino Iraq, e intentando frenar el extremismo. No puedo dejar pasar esta oportunidad sin traer a la mente los esfuerzos de vanguardia en favor de la paz en la región hechos por el anterior rey Huseín. Como parece oportuno que mi encuentro de mañana con los líderes religiosos musulmanes, el cuerpo diplomático y los rectores de la Universidad tenga lugar en la mezquita que lleva su nombre. Que su empeño por la solución de los conflictos de la región pueda seguir dando fruto en el esfuerzo por promover una paz duradera y una verdadera justicia para todos aquellos que viven en Oriente Medio.

Queridos amigos, en el Seminario celebrado en Roma el pasado otoño en el Foro Católico-Musulmán, los participantes examinaron el papel central llevado a cabo, en nuestras respectivas tradiciones religiosas, por el mandamiento del amor. Espero vivamente que esta visita y en realidad todas las iniciativas programadas para promover buenas relaciones entre cristianos y musulmanes, puedan ayudar a crecer en el amor hacia el Dios Omnipotente y Misericordioso, como también en el amor fraterno mutuo. Gracias por vuestra acogida. Gracias por vuestra cortesía. Que Dios conceda a sus Majestades felicidad y larga vida! Que él bendiga a Jordania con la prosperidad y la paz!

 

Discurso de su santidad el Papa en la catedral greco-melquita de San Jorge en Ammán

9 Mayo 2009

Queridos hermanos y hermanas:

Es una gran alegría para mí celebrar las vísperas con vosotros en esta tarde en la catedral greco-melquita de San Jorge. Saludo cordialmente a Su Beatitud Gregorios III Laham, patriarca greco-melquita, que se nos ha unido desde Damasco; al arzobispo emérito Georges El-Murr; y a su excelencia Yaser Ayyach, arzobispo de Petra y Filadelfia; a quienes agradezco por sus gentiles palabras de bienvenida a las que con gusto correspondo con sentimientos de respeto. Saludo también a los jefes de las demás Iglesias católicas presentes en Oriente --maronita, sira, armenia, caldea y latina-- al igual que al arzobispo Benediktos Tsikoras de la Iglesia greco-ortodoxa. A todos vosotros, así como a los sacerdotes, a las religiosas y a los religiosos, a los seminaristas y a los fieles laicos aquí reunidos esta tarde, expreso mi sincero agradecimiento por haberme ofrecido esta oportunidad de rezar con vosotros y de experimentar algo de la riqueza de vuestras tradiciones litúrgicas.

La Iglesia misma es un pueblo peregrino; como tal, a través de los siglos, ha estado marcado por acontecimientos históricos determinantes y por penetrantes vicisitudes culturales. Por desgracia, entre algunas de éstas se han dado períodos de disputas teológicas o de represión. Sin embargo, ha habido momentos de reconciliación, que han fortificado maravillosamente la comunión en la Iglesia, y tiempos de fecundo renacimiento cultural al que han contribuido decisivamente los cristianos orientales. Las Iglesias particulares dentro de la Iglesia universal testimonian el dinamismo de su camino terreno y manifiestan a todos los fieles el tesoro de tradiciones espirituales, litúrgicas y eclesiásticas que indican la bondad universal de Dios y su voluntad, manifestada en toda la historia, de atraer a todos hacia su vida divina.

El antiguo tesoro viviente de las tradiciones de las iglesias orientales enriquece a la Iglesia universal y no debe ser entendido nunca como un simple objeto que hay que custodiar pasivamente. Todos los cristianos están llamados a responder activamente al mandato de Dios -- como lo hizo dramáticamente san Jorge, según la narración popular-- para llevar a los demás a conocerle y amarle. En realidad, las vicisitudes de la historia han fortalecido a los miembros de las Iglesias particulares para afrontar esta tarea con energía y para comprometerse decididamente con las realidades pastorales actuales. Entre vosotros, la mayor parte tiene lazos con el Patriarcado de Antioquía, y de este modo vuestras comunidades están bien arraigadas aquí, en Oriente Próximo. Y así, como hace dos mil años en Antioquía los discípulos fueron llamados por primera vez cristianos, del mismo modo también hoy, como pequeñas minorías en comunidad diseminadas por estas tierras, también vosotros sois reconocidos como seguidores del Señor. La pública manifestación de vuestra fe cristiana no queda ciertamente reducida a la solicitud espiritual que tenéis los unos por los otros y por vuestra gente, por más esencial que sea. Por el contrario, vuestras numerosas iniciativas de caridad universal se extienden a todos los jordanos, musulmanes y de otras religiones, y también al gran número de refugiados que este reino acoge tan generosamente.

Queridos hermanos y hermanas: el primer Salmo (103) que hemos rezado esta tarde nos presenta gloriosas imágenes de Dios, Creador generoso, activamente presente en su creación, que sostiene la vida con gran bondad y orden sabio, siempre dispuesto a renovar la faz de la tierra. El pasaje de la epístola, que acabamos de escuchar, presenta sin embargo un panorama diferente. Nos advierte de manera amenazadora pero realista ante la exigencia de vigilar y ser conscientes de las fuerzas del mal que actúan para crear oscuridad en nuestro mundo (Cf. Efesios 6, 10-20). Algunos quizá sentirán la tentación de pensar que se da una contradicción; pero reflexionando sobre nuestra experiencia ordinaria humana reconocemos la lucha espiritual, advertimos la necesidad diaria de entrar en la luz de Cristo, de escoger la vida, de buscar la verdad. De hecho, este ritmo --sustraernos al mal y rodearnos con la fuerza de Dios-- es lo que celebramos en cada Bautismo: la entrada en la vida cristiana, el primer paso a través de la senda de los discípulos del Señor. Al recordar el bautismo que Cristo recibió de Juan en las aguas del Jordán, la comunidad reza para que quien va a recibir el Bautismo sea liberad del reino de la oscuridad y llevado al esplendor del reino de la luz de Dios, y de este modo reciba el don de la nueva vida.

Este movimiento dinámico de la muerte a la novedad de la vida, de las tinieblas a la luz, de la desesperación a la esperanza, que experimentamos de manera tan dramática durante el Triduo que se celebra con gran alegría en el período pascual, nos asegura que la misma Iglesia sigue siendo joven. Vive porque Cristo está vivo, verdaderamente ha resucitado. Vivificada por la presencia del Espíritu, avanza cada día llevando a los hombres y las mujeres al Dios viviente.

Queridos obispos, sacerdotes, religiosos y religiosos, queridos fieles laicos, nuestros respectivos papeles de servicio y misión dentro de la Iglesia son la respuesta incansable de un pueblo peregrino. Vuestras liturgias, las disciplina eclesiástica y el patrimonio espiritual son un testimonio vivo de vuestra tradición. Amplificáis el eco de la primera proclamación del Evangelio, reaviváis los antiguos recuerdos de las obras de Dios, hacéis presentes sus gracias de salvación y difundís de nuevo el primer rayo de la luz pascual y el crepitar de las llamas de Pentecostés.

De este modo, imitando a Cristo y a los patriarcas y los profetas del Antiguo Testamento, partimos para conducir al pueblo del desierto hacia el lugar de la vida, hacia el Dios que nos da la vida en abundancia. Esto caracteriza a todas vuestras labores apostólicas, cuya variedad y calidad son muy apreciadas. Desde los asilos de niños hasta los centros de educación superior, desde los orfanatos hasta las casas de ancianos, desde el trabajo con los refugiados hasta la academia de música, las clínicas médicas y los hospitales, el diálogo interreligioso y las iniciativas culturales, vuestra presencia en esta sociedad es un signo maravilloso de la esperanza que nos califica como cristianos.

Esta esperanza llega mucho más allá de las fronteras de nuestras comunidades cristianas. De este modo descubrís con frecuencia que las familias de otras religiones, para las que trabajáis y ofrecéis vuestro servicio de caridad universal, tienen preocupaciones y dificultades que superan los confines culturales y religiosos. Esto se experimenta particularmente en lo que se refiere a las esperanzas y las aspiraciones de los padres para sus niños. ¿Qué padre o persona de buena voluntad no se sentiría turbado ante los influjos negativos tan penetrantes de nuestro mundo globalizado, incluidos los elementos destructivos de la industria de la diversión que con tanta insensibilidad se sirven de la inocencia y la fragilidad de la persona vulnerable y del joven? Sin embargo, con vuestros ojos fijos en Cristo, la luz que dispersa todo mal, restablece la inocencia perdida, y humilla el orgullo terreno, ofreceréis una magnífica visión de esperanza a todos los que encontráis y servís.

Deseo concluir con una palabra especial de aliento a los presentes, que se están formando para el sacerdocio y la vida religiosa. Guiados por la luz del Señor resucitado, encendidos por su esperanza y revestidos de su verdad y amor, vuestro testimonio traerá abundantes bendiciones a quienes encontraréis en vuestro camino. Esto mismo se aplica a todos los jóvenes cristianos jordanos: no tengáis miedo de dar vuestra contribución sabia, acompasada y respetuosa a la vida pública del reino. La voz auténtica de la fe siempre traerá integridad, justicia, compasión y paz!

Queridos amigos: con sentimientos de gran respeto por todos vosotros aquí reunidos conmigo en esta tarde de oración, os doy de nuevo las gracias por vuestras oraciones y por mi ministerio como sucesor de Pedro y aseguro a cuantos están encomendados a vuestra atención pastoral un recuerdo en mi oración diaria.

 

Discurso de su Santidad El Papa en el recinto exterior de la Mezquita Nacinal Jordana

9 Mayo 2009

Alteza real,

Excelencias,

Ilustres señoras y señores:

Para mí es motivo de gran alegría mantener este encuentro con vosotros en esta mañana, en medio de este espléndido ambiente. Deseo dar las gracias al príncipe Ghazi Bin Muhammed Bin Talal por las gentiles palabras de bienvenida. Las numerosas iniciativas de Su Alteza Real para promover el diálogo y el intercambio Interreligioso e intercultural son apreciadas por los ciudadanos del Reino Hachemita y son ampliamente respetadas por la comunidad internacional. Estoy informado de que estos esfuerzos reciben el apoyo activo de otros miembros de la Familia Real, así como del Gobierno de la nación, y encuentran amplia resonancia en las muchas iniciativas de colaboración entre los jordanos. Por todo esto deseo manifestar mi sincera admiración.

Lugares de culto, como esta estupenda mezquita de Al-Hussein Bin Talal, dedicada al venerado rey difunto, se alzan como joyas sobre la superficie de la tierra. Desde las antiguas a las modernas, desde las espléndidas a las humildes, todas hacen referencia a lo divino, al Único Trascendente, al Omnipotente. Y, a través de los siglos, estos santuarios han atraído a hombres y mujeres dentro de su espacio sagrado para hacer una pausa, para rezar y para tomar acto de la presencia del Omnipotente, así como para reconocer que todos nosotros somos sus criaturas.

Por este motivo debemos preocuparnos por el hecho de que hoy, con insistencia cada vez mayor, algunos consideran que la religión ha fracasado en su aspiración de ser, por su misma naturaleza, constructora de unidad y de armonía, una expresión de comunión entre personas y con Dios. De hecho, algunos afirman que la religión es necesariamente una causa de división en nuestro mundo; y por este motivo afirman que lo mejor es prestar la menor atención posible a la religión en la esfera pública. Por desgracia, no se pueden negar las tensiones y divisiones entre seguidores de diferentes tradiciones religiosas. Sin embargo, ¿acaso no sucede con frecuencia que la manipulación ideológica de las religiones, en ocasiones con objetivos políticos, se convierte en el auténtico catalizador de las tensiones y divisiones y con frecuencia también de la violencia en la sociedad? Ante esta situación, en la que los opositores de la religión no sólo tratan de acallar su voz sino de sustituirla con la suya, se experimenta de una manera más aguda la necesidad de que los creyentes sean fieles a sus principios y creencias. Musulmanes y cristianos, a causa del peso de nuestra historia común tan frecuentemente marcada por incomprensiones, tienen que comprometerse hoy por ser conocidos y reconocidos como adoradores de Dios fieles a la oración, deseosos de comportarse y vivir según las disposiciones del Omnipotente, misericordiosos y compasivos, coherentes para dar testimonio de todo lo que es justo y bueno, recordando siempre el origen común y la dignidad de cada persona humana, que constituye la cumbre del designio creador de Dios para el mundo y la historia.

La decisión de los educadores jordanos, así como de los líderes religiosos y civiles, de hacer que el rostro público de la religión refleje su auténtica naturaleza es digna de aplauso. El ejemplo de individuos y comunidades, junto con la disposición de cursos y programas, manifiestan la contribución constructiva de la religión en los sectores educativo, cultural, social, y en otros sectores caritativos de vuestra sociedad civil. Yo también he tenido la posibilidad de constatar personalmente algo de este espíritu. Ayer pude tomar contacto con la reconocida obra educativa y de rehabilitación realizada en el Centro de Nuestra Señora de la Paz, en el que cristianos y musulmanes están transformando las vidas de familias enteras, asistiéndolas para que sus hijos discapacitados puedan tener el puesto que les corresponde en la sociedad. Esta mañana, he bendecido la primera piedra de la Universidad de Madaba, donde jóvenes musulmanes y cristianos, codo a codo, recibirán los beneficios de una educación superior, que les preparará para contribuir al desarrollo económico y social de su nación. Tienen también gran mérito las numerosas iniciativas de diálogo Interreligioso mantenidas por la Familia Real y por la comunidad diplomática, en ocasiones emprendidas en colaboración con el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Estas comprenden un continuo trabajo de los Institutos Reales para los Estudios Interreligiosos y el Pensamiento Islámico, el Mensaje de Ammán, de 2004, el Mensaje Interreligioso de Ammán, de 2005, y la reciente carta "Una palabra común", que se hacía eco de un tema semejante al que yo afronté en mi encíclica: el vínculo inquebrantable entre el amor de Dios y el amor al prójimo, así como la contradicción fundamental de recurrir, en el nombre de Dios, a la violencia o a la exclusión (Cf. Deus caritas est, 16).

Estas iniciativas llevan claramente a un mayor conocimiento recíproco y promueven un respeto cada vez mayor tanto por lo que tenemos en común como por lo que comprendemos de manera diferente. Por tanto, deberían llevar a cristianos y musulmanes a sondear aún más profundamente la relación esencial entre Dios y su mundo, de manera que juntos podamos movilizarnos para que la sociedad esté en armonía con el orden divino. En este sentido, la colaboración que tiene lugar aquí, en Jordania, constituye un ejemplo alentador y convincente para la región, es más, para el mundo, de la contribución positiva y creativa que la religión puede y debe dar a la sociedad civil.

Distinguidos amigos: hoy deseo mencionar una tarea que he presentado en varias ocasiones y que creo firmemente que los cristianos y los musulmanes pueden asumir, en particular, a través de su contribución a la enseñanza y la investigación científica, así como al servicio de la sociedad. Esta tarea es el desafío de cultivar para el bien, en el contexto de la fe y de la verdad, el gran potencial de la razón humana. Los cristianos, de hecho, describen a Dios, entre otras maneras, como Razón creativa, que ordena y guía al mundo. Y Dios nos da la capacidad de participar en esta Razón y, de este modo, actuar según el bien. Los musulmanes adoran a Dios, Creador del Cielo de la Tierra, que ha hablado a la humanidad. Y como creyentes en el único Dios, sabemos que la razón humana es en sí misma don de Dios, y se eleva al nivel más elevado cuando es iluminada por la luz de la verdad de Dios. En realidad, cuando la razón humana consiente humildemente ser purificada por la fe no se debilita; al contrario, se refuerza al resistir a la presunción de ir más allá de los propios límites. De esta manera, la razón humana se refuerza en el empeño de perseguir su noble objetivo de servir a la humanidad, manifestando nuestras aspiraciones comunes más íntimas, ampliando el debate público, en vez de manipularlo o restringirlo. Por tanto, la adhesión genuina a la religión, en vez de restringir nuestras mentes, amplía los horizontes de la comprensión humana. Esto protege a la sociedad civil de los excesos de un ego incontrolable, que tiende a hacer absoluto lo finito y a eclipsar lo infinito; de esta manera, asegura que la libertad se ejerza en consonancia con la verdad y enriquece la cultura con el conocimiento de lo que concierne a todo lo que es verdadero, bueno y bello.

Una comprensión así de la razón, que lleva continuamente a la mente humana más allá de sí misma en la búsqueda de lo Absoluto, plantea un desafío: implica un sentido tanto de esperanza como de prudencia. Juntos, cristianos y musulmanes, están llamados a buscar todo lo que es justo y recto. Estamos comprometidos a sobrepasar nuestros intereses particulares y a alentar a los demás, en particular los administradores y líderes sociales, a hacer lo mismo para experimentar la satisfacción profunda de servir al bien común, incluso en detrimento de uno mismo. Se nos recuerda que precisamente porque nuestra dignidad humana constituye el origen de los derechos humanos universales, éstos son válidos para todo hombre y mujer, sin distinción de grupos religiosos, sociales o étnicos. Bajo este aspecto, tenemos que subrayar que el derecho a la libertad religiosa va más allá de la cuestión del culto e incluye el derecho --en particular de las minorías-- del justo acceso al mercado del empleo y a las demás esferas de la vida civil.

Esta mañana, antes de despedirme de vosotros, quisiera subrayar de manera particular la presencia entre nosotros de Su Beatitud Emmanuel III Delly, patriarca de Bagdad, a quien saludo de corazón. Su presencia recuerda a los ciudadanos del cercano Irak, muchos de los cuales han encontrado una cordial acogida aquí, en Jordania. Los esfuerzos de la comunidad internacional para promover la paz y la reconciliación, junto con los de los líderes locales, tienen que seguir para que den fruto en la vida de los iraquíes. Expreso mi aprecio por todos aquellos que apoyan los esfuerzos orientados a profundizar la confianza y a reconstruir las instituciones y las infraestructuras esenciales para el bienestar de la sociedad. Una vez más pido con insistencia a los diplomáticos y a la comunidad internacional representada por ellos, así como a los líderes políticos y religiosos locales, que hagan todo lo posible para asegurar a la antigua comunidad cristiana de esa noble tierra el derecho fundamental a la pacífica convivencia con sus propios compatriotas.

Distinguidos amigos: confío en que los sentimientos que he expresado nos dejen con una renovada esperanza en el futuro. El amor y el deber ante el Omnipotente no se manifiestan sólo en el culto, sino también en el amor y en la preocupación por los niños y los jóvenes --vuestras familias-- y por todos los ciudadanos de Jordania. Por ellos trabajáis y por ellos ponéis en el centro de las instituciones, de las leyes y de la sociedad el bien de toda persona humana. Que la razón, ennoblecida y hecha humilde por la grandeza de la verdad de Dios, siga plasmando las vidas y las instituciones de esta nación, de manera que las familias puedan florecer y todos puedan vivir en paz, contribuyendo y al mismo tiempo recurriendo a la cultura que unifica a este gran Reino! Mil gracias!.

 

Discurso de su Santidad el Papa en el Río Jordán

10 Mayo 2009

Sus Altezas,

Queridos hermanos obispos,

Queridos amigos:


Con gran alegría espiritual vengo a bendecir las primeras piedras de las dos iglesias católicas que se construirá más allá del río Jordán, un lugar marcado por muchos acontecimientos memorables en la historia bíblica. El profeta Elías, el Tisbita, procedía de esta área que no está lejos del norte de Galaad. Aquí cerca, frente a Jericó, las aguas del Jordán se abrieron ante Elías, a quien el Señor se lo llevó en un carro de fuego (Cf. 2 Reyes 2, 9-12). Aquí el Espíritu del Señor llamó a Juan, hijo de Zacarías, a predicar la conversión de los corazones. Juan Evangelista enmarcó también en esta área el encuentro entre el Bautista y Jesús, que con motivo del bautismo fue "ungido" por el Espíritu de Dios, descendido como una palma, y fue proclamado Hijo amado del Padre (Cf. Juan 1, 28; Marcos 1, 9-11).

He tenido el honor de ser recibido en este importante lugar por Sus Majestades los reyes Abdalá II y la reina Rania. Una vez más quiero expresar mi sincera gratitud por la calurosa hospitalidad que me han ofrecido durante mi visita al Reino Hachemita de Jordania.


Saludo con alegría a Su Beatitud Gregorio III Laham, patriarca de Antioquía para la Iglesia greco-melquita. Saludo con afecto también a Su Beatitud el arzobispo Fouad Twal, patriarca latino de Jerusalén. Extiendo de corazón mis mejores deseos a Su Beatitud Michel Sabbah, a los obispos auxiliares presentes, en particular al arzobispo Joseph Jules Zerey y al reverendo Salim Sayegh, a quienes doy las gracias por sus gentiles palabras de bienvenida. Me alegra el poder saludar a todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos que nos acompañan hoy. Alegrémonos al reconocer que estos dos edificios, uno latino y otro greco-melquita, servirán para edificar, cada uno según la tradición de la propia comunidad, la única familia de Dios.

La primera piedra de una iglesia es símbolo de Cristo. La Iglesia se apoya en Cristo, está sostenida por él y no se puede separar de él. él es el único cimiento de toda comunidad cristiana, la piedra viva, rechazada por los constructores pero preciosa a los ojos de Dios y elegida por él como piedra angular (Cf. 1 Pedro 2, 4-5.7). Con él, también nosotros somos piedras vivas construidas como edificio espiritual, lugar de morada para Dios (Cf Efesios 2, 20-22; 1 Pedro 2, 5). A san Agustín le gustaba hacer referencia al misterio de la Iglesia como al Christus totus, el Cristo entero, el Cuerpo de Cristo pleno y completo, Cabeza y miembros. Esta es la realidad de la Iglesia: es Cristo y nosotros, Cristo con nosotros. él es con nosotros como la vida con sus sarmientos (Cf. Juan 15, 1-8). La Iglesia es en Cristo una comunidad de vida nueva, un realidad dinámica de gracia que procede él. A través de la Iglesia, Cristo purifica nuestros corazones, ilumina nuestras mentes, nos une con el Padre y, en el único Espíritu, nos conduce a un ejercicio diario de amor cristiano. Confesamos esta gozosa realidad como Iglesia una, santa, católica, y apostólica.

Entramos en la Iglesia a través del Bautismo. La memoria del bautismo mismo de Cristo está vivamente presente ante nosotros en este lugar. Jesús se puso en la fila con los pecadores y aceptó el bautismo de penitencia de Juan como un signo profético de su misma pasión, muerte y resurrección para el perdón de los pecados. A través de los siglos, muchos peregrinos han venido al Jordán para buscar la purificación, renovar su fe y estar más cerca del Señor. Así lo hizo la peregrina Egeria, que dejó un escrito sobre la visita al final del cuarto siglo. El sacramento del Bautismo, que saca su poder de la muerte y resurrección de Cristo, será considerado particularmente por las comunidades cristianas que se reunirán en las nuevas iglesias. Que el Jordán os recuerde siempre que habéis sido lavados en las aguas del Bautismo y que os habéis convertido en miembros de la familia de Jesús. Vuestras vidas, en obediencia a su palabra, son transformadas en su imagen y semejanza. Al esforzaros por ser fieles a vuestro compromiso bautismal de conversión, testimonio y misión, sabéis que sois fortificados por el don del Espíritu Santo.

Queridos hermanos y hermanas: que la contemplación de estos misterios os llene de alegría espiritual y valentía moral. Con el apóstol Pablo, os exhorto a crecer en toda esa gama de nobles actitudes que son conocidas con el nombre bendito de ágape, amor cristiano (Cf. 1 Corintios 13, 1-13). Promoved el diálogo y la comprensión en la sociedad civil, especialmente cuando reivindicáis vuestros legítimos derechos. En Oriente Medio, marcado por el trágico sufrimiento, por años de violencia y cuestiones sin resolver, los cristianos están llamados a ofrecer su contribución inspirada por el ejemplo de Jesús, de reconciliación y de paz con el perdón y la generosidad. Seguid dando gracias a quienes os guían y sirven fielmente como ministros de Cristo. Hacéis bien al aceptar su guía en la fe, sabiendo que al recibir la enseñanza apostólica que transmiten, acogéis a Cristo y acogéis al Único que le ha enviado (Cf. Mateo 10, 40).

Queridos hermanos y hermanas: nos disponemos ahora a bendecir estas dos piedras, el inicio de los dos nuevos edificios sagrados. Que el Señor sostenga, refuerce e incremente las comunidades que en ellos elevarán su culto. Y que os bendiga a todos vosotros con su don de paz. Amén!

 

Homilía de Su Santidad el Papa ante unas 30.000 personas en el Estadio Internacional de Ammán donde presidió la Santa Misa

Domingo, día 10 de mayo de 2009

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me siento muy contento de poder celebrar esta Eucaristía junto a vosotros al inicio de mi peregrinación en Tierra Santa. Ayer desde las alturas del Monte Nebo, de pie, me detuve a contemplar esta gran tierra, la tierra de Moisés, Elías y Juan el Bautista, la tierra en la que las antiguas promesas de Dios fueron cumplidas con la llegada del Mesías, Jesús nuestro Señor. Esta tierra es testigo de su predicación y de los milagros, de su muerte y resurrección, y de la efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia, el sacramento de una humanidad reconciliada y renovada. Meditando sobre el misterio de la fidelidad de Dios, oré para que la Iglesia en estas tierras pueda ser confirmada en la esperanza y fortalecida en su testimonio de Cristo Resucitado, el Salvador de la humanidad. Verdaderamente, como San Pedro nos dice hoy en la primera lectura, "no hay, bajo el cielo, otro nombre dado a los hombres, por el que nosotros debamos salvarnos" (Hechos 4,12).

La alegre celebración del sacrificio eucarístico de hoy expresa la rica diversidad de la Iglesia católica en Tierra Santa. Os saludo a todos, con afecto, en el Señor. Agradezco a Su Beatitud Fouad Twal, Patriarca Latino de Jerusalén, por sus gentiles palabras de bienvenida. Mi saludo se dirige también a los muchos jóvenes de las escuelas católicas que hoy traen su entusiasmo a esta celebración eucarística.

En el Evangelio, que acabamos de escuchar, Jesús proclama: "Yo soy el buen pastor... que da su vida por las ovejas" (Juan 10,11). Como sucesor de San Pedro a quien el Señor confió el cuidado de su rebaño (cf. Juan 21, 15-17), he esperado durante mucho tiempo esta oportunidad de estar ante vosotros como testigo del Salvador resucitado, y animaros a perseverar en la fe, la esperanza y la caridad, en fidelidad a las antiguas tradiciones y a la singular historia de testimonio cristiano que os une con la época de los apóstoles. La comunidad católica de aquí está profundamente afectada por las dificultades e incertidumbres que viven todos los habitantes de Oriente Medio; no olvidéis nunca la gran dignidad que deriva de vuestra herencia cristiana, y que no desfallezca el sentido de amorosa solidaridad hacia todos vuestros hermanos y hermanas de la Iglesia en todo el mundo!


"Yo soy el buen Pastor", nos dice el Señor, "conozco mis ovejas y ellas me conocen a mi" (Juan 10,14). Hoy en Jordania hemos celebrado la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Meditando sobre el Evangelio del Buen Pastor, pedimos al Señor que abra nuestros corazones y nuestras mentes cada vez más para escuchar su llamada. Verdaderamente Jesús "nos conoce", más profundamente de lo que nos conocemos a nosotros mismos, y tiene un plan para cada uno. Debemos saber que allí donde él nos llame, encontraremos felicidad y realización personal; de hecho nos encontraremos a nosotros mismos (cf. Mateo 10,39). Hoy invito a los muchos jóvenes aquí presentes a considerar cómo el Señor les está llamando a seguirle para edificar su Iglesia. Ya sea en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada, ya sea en el sacramento del matrimonio, Jesús tiene necesidad de vosotros para hacer escuchar su voz y para trabajar por el crecimiento de su Reino.


En la segunda lectura de hoy, san Juan nos invita a "pensar en el gran amor con el cual el Padre nos ha amado", haciéndonos sus hijos adoptivos en Cristo. La escucha de estas palabras nos debe hacer reconocer la experiencia del amor del Padre que hemos tenido en nuestras familias, mediante el amor de nuestros padres y madres, abuelos, hermanos y hermanas. Durante la celebración del presente Año de la Familia, la Iglesia en toda Tierra Santa ha pensado en la familia como un misterio de amor que dona la vida, misterio incluido en el plan de Dios con una propia vocación y misión: irradiar el amor divino que es el manantial y el cumplimiento de todo amor en nuestras vidas. Que cada familia cristiana pueda crecer en la fidelidad a esta noble vocación de ser una verdadera escuela de oración, en la que los niños aprendan el sincero amor de Dios, maduren en la autodisciplina y en la atención a las necesidades de los demás, y en la que, modelados por la sabiduría que proviene de la fe, contribuyan a construir una sociedad cada vez más justa y fraterna. Las familias cristianas de estas tierras son una gran herencia recibida de las precedentes generaciones. Qué puedan las familias de hoy ser fieles a esta gran herencia y que nunca falte el sustento material y moral de quienes tienen necesidad de cumplir su insustituible papel en el servicio de la sociedad.


Un aspecto importante de nuestra reflexión en este Año de la Familia ha sido la particular dignidad, vocación y misión de las mujeres en el plan de Dios. Cuánto debe la Iglesia en estas tierras al testimonio de fe y amor de innumerables madres cristianas, hermanas, maestras y enfermeras, a todas esas mujeres que de maneras diferentes han dedicado su vida a construir la paz y a promover el amor! Desde las primeras páginas de la Biblia, vemos cómo hombre y mujer, creados a imagen de Dios, están llamados a completarse el uno con el otro como administradores de los dones de Dios y como sus colaboradores en comunicar el don de la vida, sea la física como la espiritual, a nuestro mundo. Desafortunadamente, esta dignidad y misión donadas por Dios a las mujeres no siempre han sido suficientemente comprendidas y estimadas. La Iglesia, y la sociedad en su conjunto, han llegado a darse cuenta de la urgencia con la que necesitamos eso que mi predecesor, el Papa Juan Pablo II, llamaba "el carisma profético" de las mujeres (cf. Mulieris dignitatem, 29) como portadoras de amor, maestras de misericordia y constructoras de paz, comunicadoras de calor y humanidad a un mundo que con frecuencia juzga el valor de la persona con fríos criterios de explotación y provecho. Con su testimonio público de respeto por las mujeres y con su defensa de la connatural dignidad de cada persona humana, la Iglesia en Tierra Santa puede dar una importante contribución al desarrollo de una cultura de verdadera humanidad y a la construcción de una civilización del amor.


Queridos amigos, volvamos a las palabras de Jesús en el Evangelio de Hoy. Creo que contienen un mensaje especial para vosotros, su rebaño fiel, en estas tierras donde él vivió. "El Buen Pastor", nos dice, "da la vida por sus ovejas". En el inicio de la misa hemos pedido al Padre que nos "dé la fuerza del valor de Cristo nuestro Pastor", que permanece constante en la fidelidad a la voluntad del Padre (Cf. Oración Colecta, de la Misa del cuarto domingo de Pascua). Que el valor de Cristo nuestro pastor os inspire y sostenga diariamente en vuestros esfuerzos por dar testimonio de la fe cristiana y mantener la presencia de la Iglesia en el cambio del tejido social de estas antiguas tierras. La fidelidad a sus raíces cristianas, la fidelidad a la misión de la Iglesia en Tierra Santa, os exigen una valentía particular: la valentía de la convicción que nace de una fe personal, no simplemente de una convicción social o de una tradición familia; la valentía para comprometerse en el diálogo y trabajar codo a codo con los demás cristianos en el servicio del Evangelio y en la solidaridad con el pobre, el refugiado y las víctimas de profundas tragedias humanas; la valentía de construir nuevos puentes para hacer posible un fecundo encuentro de personas de diferentes religiones y culturas y así enriquecer el tejido de la sociedad. Esto significa también dar testimonio del amor que nos inspira a "sacrificar" vuestra vida en el servicio a los demás y así afrontar maneras de pensar que justifican el "truncamiento" de vidas inocentes.


"Yo soy el buen pastor; conozco mis ovejas y ellas me conocen a mi" (Juan 10,14). Alegraos porque el Señor os ha hecho miembros de su rebaño y os conoce a cada uno de vosotros por vuestro nombre! Seguidle con alegría y dejaos guiar por él en todos vuestros caminos! Jesús sabe cuántos desafíos tenéis por delante, cuáles pruebas debéis soportar y conoce el bien que hacéis en su nombre. Confiad en él, en el amor duradero que él trae para todos los miembros de su rebaño y perseverad en su testimonio del triunfo de su amor. Que San Juan Bautista, patrono de Jordania, y María, Virgen y Madre, os sostengan con su ejemplo y su oración y os conduzcan a la plenitud de la alegría en los eternos pastos, donde experimentaremos para siempre la presencia del Buen Pastor y conoceremos para siempre la profundidad de su amor. Amén.

 

Palabras de su Santidad El Papa en el Rezo del Regina Coeli después de la Celebración de la Eucaristía en el Estadio Internacional de Ammán

Domingo, 10 de mayo de 2009

Queridos amigos:

Durante la misa he hablado del carisma profético de las mujeres, como portadoras de amor, maestras de misericordia y constructoras de paz. El ejemplo supremo de las virtudes femeninas es la bienaventurada Virgen María: la Madre de la Misericordia y Reina de la Paz. Al dirigimos a ella, invoquemos su materna intercesión sobre todas las familias de estas tierras, para que puedan ser escuelas de oración y escuelas de amor. Pidamos a la Madre de la Iglesia que dirija su mirada misericordiosa sobre todos los cristianos de estas tierras; que con la ayuda de su oración puedan ser verdaderamente una sola cosa en la fe que profesan y en el testimonio que ofrecen. A ella, que respondió generosamente al anuncio del ángel y aceptó la llamada para convertirse en la Madre de Dios, pidamos que dé valor y fortaleza a todos los jóvenes que hoy disciernen su propia vocación, de modo que puedan entregarse generosamente para cumplir la voluntad del Señor.

En este tiempo pascual nos dirigimos a la bienaventurada Virgen con el título de Regina Coeli. Como fruto de la Redención conquistada por la muerte y resurrección de su Hijo, también ella fue elevada a la gloria eterna y coronada como reina de los Cielos. Con gran confianza en el poder de su intercesión, nos dirigimos a ella ahora con alegría en nuestros corazones y con amor por nuestra gloriosa siempre Virgen Madre invocamos sus oraciones.


Discurso del Papa a su llegada al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv

Lunes, día 11 de mayo de 2009

Señor presidente,
Señor primer ministro,
excelencias, señoras y señores,

Gracias por vuestra calurosa acogida en el Estado de Israel, en esta tierra que es considerada santa por millones de creyentes en todo el mundo. Estoy agradecido al presidente, el señor Shimon Peres, por sus amables palabras y aprecio la oportunidad que se me ofrece de realizar esta peregrinación a una tierra hecha santa por las huellas de patriarcas y profetas, una tierra a la que los cristianos tienen una particular veneración como lugar de los acontecimientos de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Tomo mi lugar en una larga fila de peregrinos cristianos a estos lugares, una fila que se remonta en el tiempo hasta los primeros siglos de la historia cristiana y que, estoy seguro, seguirá prolongándose en el futuro. Como muchos otros antes que yo, vengo para rezar en los lugares santos, a rezar de forma especial por la paz - paz aquí en Tierra Santa y paz en todo el mundo.

Señor presidente, la Santa Sede y el Estado de Israel comparten muchos valores, el primero entre ellos el compromiso de reservar a la religión su legítimo lugar en la vida de la sociedad. El justo orden de las relaciones sociales presupone y exige el respeto por la libertad y la dignidad de todo ser humano, que cristianos, musulmanes y judíos creen igualmente creado por un Dios amoroso y destinado a la vida eterna. Cuando la dimensión religiosa de la persona humana es negada o marginada, se pone en peligro el fundamento mismo de una correcta comprensión de los derechos humanos inalienables.

Trágicamente, el pueblo judío ha experimentado las terribles consecuencia de ideologías que niegan la dignidad de toda persona humana. Es justo y conveniente que, durante mi permanencia en Israel, yo tenga la oportunidad de honrar la memoria de los seis millones de judíos víctimas de la Shoá, y de rezar para que la humanidad no tenga que ser nunca más testigo de un crimen de una enormidad semejante. Desafortunadamente, el antisemitismo sigue levantando su repugnante cabeza en muchas partes del mundo. Esto es totalmente inaceptable. Debe hacerse todo esfuerzo para combatir el antisemitismo allí donde se encuentre, y para promover el respeto y la estima hacia los pertenecientes a todo pueblo, raza, lengua y nación en todo el mundo.

Durante mi permanencia en Jerusalén, tendré también el placer de encontrar muchos líderes religiosos distintos de este país. Una cosa que las tres grandes religiones monoteístas tienen en común es una especial veneración por esta Ciudad Santa. Es mi ferviente esperanza que todos los peregrinos a los santos lugares tengan la posibilidad de acceder a ellos libremente y sin restricciones, de tomar parte en ceremonias religiosas y de promover el digno mantenimiento de los edificios de culto colocados en los espacios sagrados. Que puedan cumplirse las palabras de la profecía de Isaías, según el cual muchas naciones afluirán al monte de la Casa del Señor, para que él les enseñe sus caminos y éstos puedan caminar por sus senderos, senderos de paz y de justicia, senderos que llevan a la reconciliación y a la armonía (cfr Isaías 2,2-5).

Aunque el nombre de Jerusalén significa "ciudad de la paz", es del todo evidente que durante décadas la paz ha eludido trágicamente a los habitantes de esta tierra santa. Los ojos del mundo están sobre los pueblos de esta región, mientras éstos luchan por llegar a una solución justa y duradera de los conflictos que han causado tanto sufrimiento. Las esperanzas de innumerables hombres, mujeres y niños por un futuro más seguro y estable dependen del éxito de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. En unión con todos los hombres de buena voluntad, suplico a cuantos están investidos de responsabilidad que exploren toda vía posible para la búsqueda de una solución justa a las enormes dificultades, para que ambos pueblos puedan vivir en paz en una patria que sea la suya, dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas. Al respecto, espero y rezo para que pronto se pueda crear un clima de mayor confianza, que haga a las partes capaces de realizar progresos reales en el camino hacia la paz y la estabilidad.

A los obispos y a los fieles católicos hoy aquí presentes les dirijo una especial palabra de saludo. En esta tierra donde Pedro recibió la tarea de apacentar a las ovejas del Señor, llego como sucesor de Pedro para realizar mi ministerio en medio de vosotros. Será mi especial alegría unime a vosotros para concluir las celebraciones del Año de la Familia, que tendrán lugar en Nazaret, patria de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Como dije en mi mensaje para la Jornada Mundial de la Paz,. La familia es "la primera e indispensable maestra de paz" (n. 3), y por tanto tiene un papel vital que llevar a cabo para sanar las divisiones presentes en la sociedad humana en todos los niveles. A las comunidades cristianas de Tierra Santa digo: a través de vuestro fiel testimonio de Aquel que predicó el perdón y la reconciliación, a través de vuestro compromiso en defender la sacralidad de toda vida humana, podéis ofrecer una contribución particular para que acaben las hostilidades que durante tanto tiempo han afligido a esta tierra. Rezo para que vuestra continua presencia en Israel y en los Territorios Palestinos traigan mucho fruto de cara a promover la paz y el respeto recíproco entre todas las gentes que viven en las tierras de la Biblia.

Señor Presidente, Señoras y Señores, una vez más os agradezco por vuestra acogida y os aseguro mis sentimientos de buena voluntad. Que Dios de fuerza a su pueblo! Que Dios bendiga a su pueblo con la paz!

 

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